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El autor

Guillermo Miguel

Nacido en Zaragoza en 1972, heredo la pasión por la pintura que mi madre practicaba, en mi caso esta afición toma forma de dibujo. Una afición que no pongo en común hasta el año pasado tras una respuesta positiva de varias amistades al ver mis obras.

Un gran amor a la tierra que me parió, que me permitió la vida y la rellenó con sus sonidos, colores, olores, ritmos, acentos, temperaturas y vientos me desubicó durante una larga y agitada infancia, ya que otros murmullos, aromas, cadencias, entonaciones, temples y brisas venidas allende los pirineos pugnaban por hacerse sitio como parte de mi esencia. Estaba partido!

Partido sigo 50 años más tarde, pero ahora ya lo sé y lo concibo como una bendición, estar partido me ha empujado a buscar(me) y encontrarme no solo en los países y tierras mencionadas sino en las gastronomías, folclore, músicas, costumbres, en definitiva en las esencias humanas, por remotas que fueran, a las que he tenido acceso. Una especie, la nuestra, que si bien tiene partes realmente oscuras, cuenta con esencias maravillosas, forjadas en consonancia con el medio y plasmadas en su cotidiano artístico y vital.

La obra

Ese “estar partido”, ese seguir partido, se muestra claramente en mi obra, en mis cuadros donde los todos se forman con multitud de partes. Mi herramienta de trabajo, básica e imprescindible, es un bolígrafo negro de punta fina de 0.4 mm o 0.7mm.

La mayor parte de mi obra aparece por si misma, esto significa que no tengo una idea clara de lo que se va a materializar sino que mi mano derecha va moviéndose guiada directamente por mi hemisferio emocional e intuitivo, en mi caso, el hemisferio derecho. Así pues al no existir parámetros previos ni un plan que seguir, brota el inconsciente, el mío propio el primero, sustentado en segunda instancia por el colectivo.

Trazos más o menos reflejos y profundos se van plasmando sobre el papel a medida que la punta del bolígrafo elije itinerario. Se ofrecen entonces formas, entidades u objetos que, si son reconocidos, definirán la estructura última de la obra, de no serlo compondrán un amasijo informe que invitará al consciente ajeno a tratar de descifrar el significado velado.

Reconozco en mi trabajo cantidad de vivencias y querencias como la del té verde y su ceremonial inseparable entre los hijos de las nubes, los saharauis, no faltan pues teteras, vasos de té e incluso paquetes de té, acompañados en ocasiones por las tubas (pipas saharauis) y sus estuches.

Conforme la inmersión va dejando atrás la superficie obvia, aflora otra constante, el ser humano, un ser humano reconocible pese a portar un atuendo que evidenciará su no pertenencia a nuestra misma civilización.

Astros, cuerpos celestes, paisajes, mamíferos, pájaros, reptiles, anfibios y peces aparecerán conforme vayamos descolgándonos por la soga cada vez más apagada del inconsciente, un viaje al origen que continuará buscando raíz en plantas y mares hasta trascenderlos para proseguir más allá, allí donde la dualidad ya no es, allí donde la forma está en latencia, allí donde ya solo las figuras geométricas básicas se intuyen, triángulos, rectángulos, cuadrados (en este orden) y por último espirales que nos harán entender que el todo se forma de partes y las partes son pues lo mismo que el Todo.

l aGuillermo Miguel García Rougé

l n@ruedesfermes

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